domingo, junio 08, 2008

El cambio de horario

El 6 de abril pasado entró en vigor el Horario de Verano, que en teoría aplica a partir de las 2:00 horas y se extenderá hasta el 26 de octubre.

A las 2 horas del domingo 6 de abril los relojes debieron adelantarse una hora. En octubre el proceso será al revés: a las 2 horas del día 26, el reloj deberá ser ajustado una hora hacia atrás, para volver al horario normal.

El caso es que al regresar el reloj una hora serán las 1:00 horas del 26 de octubre, por lo que para cumplr con la Ley, al ser las 2:00 horas el reloj deberá ser atrasado una hora y luego entonces serán las 1:00 horas, por lo que...

Con bastante sentido crítico y de humor, Leo Masliah ha escrito Santa Bernardina del Monte, donde aborda esa necesidad constante de atrasar los relojes para acatar la medida legal:
Para ahorrar energía eléctrica, las autoridades de Santa Bernardina del Monte dispusieron que a la cero hora del día veinticinco los relojes se atrasaran una hora, pasando a marcar las veintitrés horas del día veinticuatro. De este modo la gente que tuviera que levantarse a la hora siete del día veinticinco no tendría que prender ninguna luz, ya que en realidad serían las ocho y el sol estaría ya en plena actividad.
Cuando llegó el momento -la cero hora del día veinticinco- la gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Fueron entonces -o volvieron a ser- las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco. La gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Volvieron a ser entonces las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco.
-¿Qué hago, mamá? -preguntó un joven- ¿atraso el reloj?
-Por supuesto, hijo: debemos ser respetuosos de las disposiciones de la autoridad - contestó la madre.
Todos los habitantes de Santa Bernardina del Monte obraron en consecuencia con ese precepto. Pero una hora después los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco. Nuevamente los pacíficos habitantes de Santa Bernardina del Monte atrasaron sus relojes una hora. Se pusieron entonces a esperar el transcurso de los sesenta minutos que faltaban para volver a atrasar los relojes. Pero algunos tenían sueño y se fueron a dormir, no sin antes dejar turnos establecidos de tal modo que siempre hubiera alguien despierto a la hora de atrasar el reloj.
A la mañana siguiente seguían siendo las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después era la cero hora del día veinticinco, e inmediatamente después volvían a ser las veintitrés del día veinticuatro. Faltaban nueve horas para que abrieran las oficinas y los comercios. Una hora después faltaban ocho, pero en menos tiempo del que tardaba un gallo en cantar -y efectivamente había muchos gallos haciéndolo- volvían a faltar nueve.
Los habitantes de Santa Bernardina del Monte, de mantenerse este estado de cosas, habrían muerto de inanición. Sin embargo muy otra fue la causa de su muerte. Tres días después del cambio de hora, un funcionario del gobierno central que pasaba por el pueblo interpretó la actitud de los lugareños como huelga general por tiempo indeterminado, y dio parte de ello a sus superiores. Poco después, diez mil soldados entraron con helicópteros y tanques a Santa Bernardina, aniquilando a los insurrectos. Los relojes del pueblo, entonces, quedaron divididos en dos categorías: los que averiados por las balas, estaban clavados en una hora entre las veintitrés y las veinticuatro, y los que seguían marchando libremente, pudiendo llegar hasta más allá de la cero hora sin que nadie los tomara por las agujas para atrasarlos. De todos modos algunas horas después ellos solitos volvían a marcar las veintitrés, como si sintieran nostalgia de sus disciplinados dueños, que en paz descansen.
Lo mejor de todo esto es que a los mexicanos nos vale madre lo que la Secretaría de Energía diga; y con el pretexto de que se nos olvidó atrasar el reloj llegaremos tarde al trabajo y nunca, pero nunca, nos veremos en los aprietos en que entraron los habitants de Santa Bernardina del Monte.

Por eso yo digo, no siempre es bueno andar cumpliendo la Ley al pié de la letra.

--> Encontré el cuento en un bucle de este blog de Bucles

Technorati tags:

No hay comentarios.: